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amigo
A un amigo del alma, a ese que vive conmigo,
el que no me abandona aunque yo ande pérdida,
el de noble sentimiento, en sus manos antiguas,
el que me escribe poesía, pinta jardines en la sombra
para que nazcan las flores aunque ya hayan nacido.
A ese amigo querido, que sus manso son mi abrigo
auque se quiebren en el viento, en señal de despedida,
es tesoro de experiencia en sus manos cada arruga
son esas manos santas con dobleces de ayuda,
son dos humildes palomos que vuelan unidas.
Las manos de mi amigo, las que me escriben poseía
se limitan a la esperanza de encontrarse con la vida,
su ilusión y la mía parecen dos nidos, se sostienen
en el viento en espera de una lluvia nativa.
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